Esta foto resume muchas cosas
Un día Kiss After Running me hizo una entrevista en su blog. Y me pidió una foto para acompañarla. Y no lo dudé, le envié la foto de arriba. Es de 2011 y para mí es una foto que resume muchas cosas. Y todas esas cosas las reviví este domingo corriendo una carrera especial. Especial para todos, pero mucho más especial para algunos entre los que me encuentro. La Behobia-San Sebastián..
No sé qué tiene la Behobia para ser como es. Es una carrera cara, con un recorrido feo, duro y suele hacer mal tiempo. Es complicado llegar a la salida y allí hay que esperar bastante tiempo. Pero luego, todo vale la pena. Como digo siempre, la Behobia tiene "alma". Tiene algo en su interior que la hace única. Que la convierte en la mejor carrera que conozco. Una carrera que no es una carrera. Que es un fenómeno social, una procesión laica, una manifestación pacífica en la que los gritos son de ánimo y las peleas contra la marca. Y en la que siempre es un orgullo participar.
Este año hemos disfrutado del público madrugador de Irún. Hemos vencido a la larga subida a Gaintzurizketa. Nos hemos desquitado bajando por Lintzirin. Se nos han puesto los pelos de punta cruzando Errentería entre miles de espectadores. Hemos agradecido los ánimos del público en la última subida de Mirakruz. Y hemos entrado, cansados pero emocionados, en la meta del Boulevard. Hemos disfrutado. Mucho.
Esas manos de la izquierda les delatan... ¡¡cómo empuja el público!!
Últimos metros del recorrido con la dureza reflejada en nuestras caras
Hemos oído muchos aplausos. Hemos chocado cientos de manos. Hemos agradecido muchos gritos. En una tierra donde se cortan troncos sólo por diversión se anima como hay que animar. Con aplauso sincero y grito fuerte. Con la palabra adecuada en cada momento. Con el "vamos campeón", el "aupa", el "aguanta", el "dale caña", o el "que ya está hecho" y el "enhorabuena".
Pero yo soy un afortunado. He vivido más que muchos otros. He vivido cosas que otros no han vivido. Momentos dulces. Momentos en los que te sientes orgulloso de lo que haces. No por chulería, sino porque ves el agradecimiento reflejado en los ojos de otros. Por eso, yo quedo con un puñado de momentos. Todos del mismo color. De color morado. Del morado de la camiseta que llevamos para dar visibilidad al síndrome de Dravet.
Me quedo con las caras de ilusión de Félix y de Susana (padre y tía Dravet) en la foto de salida.
Una pequeña parte de los 100 corredores Dravet.
Me quedo con la alegría de ver a un montón de amigos vistiendo de morado.
Me quedo con mi sorpresa en Irún, al ver una familia Dravet animándonos como locos.
¡Gracias!
Me quedo con el subidón de fuerza que te da ver a otro grupo de familias Dravet animando a los pies de Mirakruz.
Y más gracias
Ante tantos momentos morados pasan a segundo plano otras cosas. Pero también fue una bonita mañana por esas otras cosas. Por la cantidad de MMPs que se llevaron un montón de amigos. Porque yo mismo bajé 3 minutos mi marca behobiana dejándola en 1.33.20, por el debut de #lasmuetasquecorren y, sobre todo, por la gran marca de Novatilla, que vino a bajar de 2h y se fue hasta el 1.56. Casi nada al aparato.
Así se corren los últimos metros de una carrera
cuando le puedes bajar ¡¡nueve minutos! a tu anterior marca
Pero no os llevéis a engaño. Yo no quiero volver a la Behobia 2015 con la camiseta del reto Dravet, no quiero volver a revivir estos momentos morados. Lo que quiero es que se cumpla el sueño y la meta de esos niños y de sus familias. Que pronto, muy pronto, se encuentre la cura de la enfermedad, que la camiseta no tenga sentido y la Fundación tampoco. Que llegue el día en el que los momentos morados sólo serán parte de la historia personal de cada uno, de una historia que pasó en 2014, y a la que a mi, me permitieron vivirla de cerca.

















