Es martes. Segundo día de series en la vida del Novatillo (ese runner antes conocido como "aquel que corría medias maratones sin hacer calidad jamás"). Pero "la maratón me ha pedido de salir". Y toca tomárselo en serio. Tarde de series. Tarde de #milmanerasdemorir.
Hoy no tocan pirámides. Me autoimpongo algo cachondo. Un entreno con multiplicaciones. Un 6*1000. A ver si puedo andar por los 4'10''. Cae la primera serie en 4'20''. Correcto, es la primera. La segunda sale un poquito mejor. ¡¡Vamos Novatillo que nos vamos!!
En la tercera serie aparece el corredor de blanco. Es alto y le sobra algún kilo. Lleva estética de advenedizo. No parece un corredor avezado. Pero lleva buen ritmo. Novatillo, desbocado, busca el 4'10'' y adelanta al corredor de blanco.
Entre series descanso 90 segundos. Tiempo suficiente para que el corredor de blanco llegue hasta mi, gire y se me vuelva a poner a tiro. Tan a tiro que lo adelanto también en la 4º y 5º series. Cada vez me da más vergüenza adelantarlo. Tanto pasarlo parece recochineo. Pero sólo son #milmanerasdemorir.
En la sexta serie pasa lo inevitable. Tengo el objetivo delante. Le adelanto. Sin venir a cuento, el corredor de blanco saca de sus adentros un sprint majestuoso. Un cambio de ritmo espectacular a lo Mo Farah. Me pega una pulida de las que hacen historia. Casi me arranca hasta las pegatinas. Durante unos segundos me siento "el Felipe Massa de mi parque". La maniobra me desconcierta un tanto... De pronto, una voz me saca de mis pensamientos.
-"¡¡Dale, dale que estás bajando el ritmo!!".
¿Y esa voz? ¿Me estará arengando Filípides en persona? ¿Será mi amigo invisible? ¿Será la voz de mi conciencia? ¿o la de mi inconsciencia?
No sé que es, pero por si acaso, aprieto... Me giro y lo veo. Es el corredor de azul. Lo he visto antes por el parque. Va mucho a carreras. Corre en un club local. Habitual de mi parque. Es de esos que no tienen que bajar y bajar páginas del .pdf de la clasificación para encontrarse. Lo que viene a denominarse un galgo.
Él se queda tres o cuatro pasos detrás de mi. En cuanto mis pasos decaen un poco, vuelve a sonar tu voz
-"¡¡Dale, que estás bajandooooo!!".
Con lo que la estampa viene a ser parecida a esta, pero, afortunadamente, sin vara de avellano.
Novatillo es el de los cuernos, por si había dudas...
Yo, procuro salvaguardar el orgullo del Novatillismo y aprieto y aprieto. Y sigo apretando. El suelo es en ligera rampa. Pero hay que darlo todo. La voz a mis espaldas dice...
-"¡¡Venga que no te queda nadaaaaaa!!"
Y es cierto, cincuenta metros más allá está el árbol que declara finalizados esos mil metros. Sigo, sigo, sigo y sigo. Llego. Paro el reloj, veo un ¡¡3'47''!!. Me giro para darle las gracias a la voz de mi conciencia, pero como buen galgo él solamente sonríe y continúa el camino.
Intento reencontrar mi respiración. Entre tanto, descubro que, una vez más, había adelantado al corredor de blanco. Allí estaba parado unos metros más allá de donde inició su épico sprint.











